MEDITACIÓN DE LA IMAGEN DE LA VELA QUE DISUELVE DISGUSTOS
En tu plexo solar (entre ombligo y esternón, 4 pulgadas por debajo de éste) brilla la llama de una vela (en el chacra 3 Manipura). A su derecha está el hígado, donde pulsa la ira y el enfado. La llama consume los excesos del hígado, y da luz con lo tóxico hepático, transforma y eleva lo inconveniente para rescatar lo válido que incluya. Una vez lo sientas, piensa en ese disgusto que has tenido. Míralo a distancia, como si le hubiese pasado a otro. Respira hondo, y observa tu respiración. Observa el motivo del disgusto, la persona o la escena. Observa la emoción que te regirá las tripas. Observa la vela que ilumina tu plexo solar. Es modesta, contra el imponente disgusto. Pero poco a poco lo va consumiendo. Observa el disgusto, observa la vela. Deja que lo consuma y transforme en luz. Deja que drene el enfado del hígado. Deja que esa luz alimente tu plexo solar. Y alimente tu espíritu. Observa el disgusto. Observa tu llama interior. Observa como el disgusto pierde ímpetu, como se suaviza el hígado. Observa como tu vela interior brilla cada vez más. Cuando te sientas más relajado y centrado, cierra la meditación dejando encendida la vela.
En tu plexo solar (entre ombligo y esternón, 4 pulgadas por debajo de éste) brilla la llama de una vela (en el chacra 3 Manipura). A su derecha está el hígado, donde pulsa la ira y el enfado. La llama consume los excesos del hígado, y da luz con lo tóxico hepático, transforma y eleva lo inconveniente para rescatar lo válido que incluya. Una vez lo sientas, piensa en ese disgusto que has tenido. Míralo a distancia, como si le hubiese pasado a otro. Respira hondo, y observa tu respiración. Observa el motivo del disgusto, la persona o la escena. Observa la emoción que te regirá las tripas. Observa la vela que ilumina tu plexo solar. Es modesta, contra el imponente disgusto. Pero poco a poco lo va consumiendo. Observa el disgusto, observa la vela. Deja que lo consuma y transforme en luz. Deja que drene el enfado del hígado. Deja que esa luz alimente tu plexo solar. Y alimente tu espíritu. Observa el disgusto. Observa tu llama interior. Observa como el disgusto pierde ímpetu, como se suaviza el hígado. Observa como tu vela interior brilla cada vez más. Cuando te sientas más relajado y centrado, cierra la meditación dejando encendida la vela.

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