lunes, 27 de junio de 2016
"Mientras el maestro meditaba, un joven discípulo se sentó frente a él y le preguntó: - Sensei, ¿dónde puedo encontrar lo Eterno? – Comprobando que el anciano no se inmutaba, sin darse por vencido, el muchacho siguió preguntando – Sensei, por favor, respóndame, ¿cómo puedo alcanzar la iluminación? ¿De qué manera podría librarme de todos mis apegos? – Notando que tampoco recibía respuesta, el joven siguió: - Maestro, dígame, ¿qué debo hacer para purificar mi karma negativo? ¿Cómo puedo liberar mi mente? ¿Qué tengo que hacer para comulgar con el Tao?... Tras un rato en estos menesteres, exhausto, decidió sentarse en silencio y observar la figura de su maestro. Parecía tan calmado, tan sereno. Sentado sobre su cojín, la figura del anciano emanaba una especie de luz capaz de contagiarle con su presencia, llevándole hacia estados más elevados de consciencia. Entonces pensó: - ¡Que maravilloso sería poder alcanzar esa paz! – Adivinando este anhelo, el maestro abrió los ojos y dijo: - Te lo llevo mostrando desde que me hiciste la primera pregunta. Lo Eterno, la iluminación, la liberación de los apegos, la purificación del karma, el control de la mente y la comunión con el Tao comienzan con la búsqueda del silencio. El principio y el final de tu práctica comienza y termina haciéndote a ti mismo silencio. Silencio, hijo mío, guarda silencio, busca tu silencio, sé silencio."
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