Reflexión
"El ser humano suele tener unos noventa mil latidos al día. De ellos, solo uno guarda el Secreto del Corazón y da acceso a lo No-Visto. Ese pálpito suele pasar desapercibido para quienes no son conscientes de su existencia, no obstante, el meditador lo busca con anhelo, pues sabe que es un puente hacia la Realidad Divina. Así, pasa la mayor parte del tiempo mirando en su interior, preparándose para reconocerlo cuando emerja, olvidando los trajines del mundo que nos separan de la búsqueda de la trascendencia. Muchos seres afortunados, cuando lo reconocieron, alcanzaron la Iluminación pues ese latido se hizo eterno, y ya no dejaron jamás de sentirlo. Hay personas que dicen que suena como la sílaba AUM, otras lo llaman transcendencia, pero la mayoría sabe que ese sonido es el silencio. Por eso, los meditadores cambian su orientación y viven mirando constantemente hacia su pecho.
Estos hombres y mujeres se convierten en locos extraños. El mundo no los comprende porque ellos han descubierto que el mundo es capaz de enmascarar y ocultar la Amistad con el Tao. Mediante el néctar de la búsqueda de la virtud, una nueva comunicación surge entre la criatura y el Todo, y ya nadie puede evitar el hechizo del Amor. El ser humano se ha convertido en el Enamorado y, mediante el Amor, viaja hasta su Amado. En el trayecto, esta aparente trinidad se va disolviendo y el meditador primeramente se aniquila en el Amor, después sólo queda el Tao." Extracto de Yo conocí a Budha
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