viernes, 8 de julio de 2016

Tagoreh

“Una mañana iba yo caminando por la carretera cuando, espada en mano, llegó el rey en su carroza. - ¡Me vendo! -, grité, y el rey me cogió de la mano y me dijo: - Soy poderoso, puedo comprarte. - Pero de nada le valió su poderío, no me vendí a él, y tuvo que volverse sin mí en su carroza.
Con el sol del mediodía, las casas estaban cerradas y yo vagaba por un callejón escondido cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro y me dijo: - Soy rico, puedo comprarte. - Pero yo le volví la espalda y me fui.
Anochecía y los árboles del jardín estaban en flor. Entonces, una bella muchacha apareció delante de mí y me dijo: - Te compro con mi sonrisa. - Pero comprendí que su sonrisa palidecería con el tiempo y se convertiría en lágrimas.
El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente. Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas, levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo: - Puedo comprarte con nada. – Y, desde que hice este trato, jugando, soy libre.” 

R. Tagore.


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