Con el sol del mediodía, las casas estaban cerradas y yo vagaba por un callejón escondido cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro y me dijo: - Soy rico, puedo comprarte. - Pero yo le volví la espalda y me fui.
Anochecía y los árboles del jardín estaban en flor. Entonces, una bella muchacha apareció delante de mí y me dijo: - Te compro con mi sonrisa. - Pero comprendí que su sonrisa palidecería con el tiempo y se convertiría en lágrimas.
El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente. Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas, levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo: - Puedo comprarte con nada. – Y, desde que hice este trato, jugando, soy libre.”
R. Tagore.

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